Sé el albañil de tu propia vida

20/07/2017

 

He escuchado miles de veces frases como “yo quiero tener plata para viajar por todo el mundo”, “yo tengo que hacer algo para cambiar el rumbo del país”, “es que tengo que ser millonario para hacer… tal cosa”. Con seguridad ya las has escuchado alguna vez y posiblemente las has dicho tú también. Yo lo he hecho. ¡Yo quiero salvar al mundo! ¿Tú no?

 

Pero resulta tan difícil conquistar esos grandes anhelos al no ponernos manos a la obra, porque muchas veces casi ponemos esas ilusiones en un pedestal fantasioso, como si nunca fueran a ocurrir pero que es bonito tenerlos ahí, soñarlos...

 

Pero, ¿no quisieras de verdad lograrlo? Yo te invito a que lo hagas y des el “gran paso” comenzando por planificar cuáles serán esos pequeños eslabones que debes ir escalando para poder armar la escalera de tu propio éxito. Piensa en esto: Primero compramos los ladrillos y después construimos la casa; pero incluso antes de comprar los ladrillos, ¡hay que hacer cuentas para saber cuántos vamos a ocupar!

 

Lo que nos ocurre muchas veces es que queremos conseguir tantas cosas, comprar tantas otras y lograr otras más, que nos enfocamos mucho en el “qué”, pero no en el “cómo” ni en el “con qué”. Es como tener ya listas nuestras más grandes fantasías y esperar a que el genio de la lámpara mágica aparezca... pero las cosas no funcionan así…

 

Si ya tienes claro lo que quieres ¡fabuloso! Has logrado una de las partes más complicadas en tu proceso de crecimiento y éxito. Pero, ¿ya pensaste cómo vas a obtenerlo? 

 

Piénsalo así: la mansión de tus sueños es tu visión, lo que quieres lograr, lo que quieres alcanzar… ¿qué necesitas? Lo básico requerido son los cimientos: ladrillos, cemento, columnas de hierro… éstas son tus metas, tus hábitos, tu disciplina. Los planos son en lo que debes dejar plasmado todos los detalles de tu casa, las especificaciones de tu visión. ¿Y sabes quién eres tú? Pues por todos lados te dicen que debes ser “el arquitecto de tu propia vida”, pero yo te digo: NO. Tú eres el albañil, el constructor, el que debe sudar la camiseta para que esa casa comience a cobrar forma. Si no la haces tú, ¿quién la hará? Es tuya, nadie más lo puede hacer por ti. No puedes contratar a alguien para que viva tu vida.

 

El arquitecto pues, él te puede ayudar con los planos, a diseñar la estructura, a darte pautas, a corregirte de ser necesario… Para esto puedes (y yo te recomiendo) buscar ayuda. Pero en definitiva, es necesario que tú te arrolles las mangas y te dispongas a empezar.

 

En artículos anteriores te hablamos de que vuelvas a arrancar como si esta mitad del año fuera un nuevo comienzo (Ver Segundo año nuevo del año). Tómatelo en serio; es un excelente momento para hacerlo. Pero no basta trabajar en tus metas, es necesario comenzar a movernos. Así que te ofrecimos también la mejor forma de comenzar: siendo agradecidos (Ver Acércate a tus metas desde tu cama).

 

Haz de tus metas esa base sólida sobre la que puedas apoyarte para comenzar a emprender vuelo. Para que camines con sentido, para que tengas dirección, para que la vida misma no te pille yendo de un lugar a otro sin razón de ser.

 

Hay mucho trabajo por hacer, pero primero comienza sacando cuentas de cuántos ladrillos necesitas para comenzar. Con los planos, ¡nosotros te podemos ayudar!

 

 

¡Bendiciones!

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