La confianza es un juego de riesgo

 

En el mundo de las relaciones saludables, la confianza es uno de los recursos más preciados. Es como agua, como aire, como alimento. Y es que no existe una buena relación sin confianza, y hasta la mejor de las relaciones puede fracasar rotundamente si dejamos que la confianza mutua disminuya hasta perderse.

 

Lamentablemente vivimos en un tiempo en el que reina la superficialidad; por eso es más difícil encontrar en las personas un carácter que sirva de terreno fértil para que los valores echen raíces fuertes y profundas para luego florecer.

 

La superficialidad da paso al desamor, el desamor al egoísmo y el egoísmo a la desconfianza.

Tus relaciones en la familia, en los negocios, entre amigos, etc. no podrán si quiera acercarse a ser plenas si no construyes lazos sólidos de confianza. Déjame compartirte cómo puedes ganarla, mantenerla y tristemente, también perderla… Son tres perspectivas distintas que debes aprender sobre ella.

 

 

Ganar la confianza:

 

La confianza no es algo que debemos otorgar a la ligera, y no es algo que debemos esperar que otros nos otorguen solo porque sí. La confianza es un tesoro que se gana, un lazo que se construye.

 

Pero ¿Cómo?

 

Funciona como en un ejercicio de inversión en el que una persona arriesga algo valioso esperando que el resultado sea favorable. Asimismo, una persona podría compartir un secreto, pedir un favor, pedir un consejo, etc. y al hacerlo existe una especie de “riesgo” porque son acciones que le hacen sentir vulnerable. Si su contraparte responde con discreción, con empatía o con muestras de buena fe, entonces la construcción de confianza avanza, sino el “ejercicio de inversión” fracasa y la confianza no llega a formarse.

 

Si lo que tú quieres es ganar la confianza de otras personas, empieza por estar pendiente de sus necesidades y muéstrate dispuesto a servirles. De esta manera ellos podrán “invertir” en ti ese voto de confianza y al ver el resultado favorable, sabrán que tú eres una persona digna para confiar.

 

También debes considerar que la confianza es contagiosa. Estudios demuestran que cuando eres tú el que se arriesga primero y tu contraparte cumple, no solamente tú ganas confianza en esa persona, sino que también esa persona gana confianza en ti debido a que estuviste dispuesto a arriesgar en primera instancia. Entonces empieza un juego de reciprocidad que debes aprender a mantener; lo cual me lleva al segundo punto.

 

 

Mantener la confianza:

 

La parte difícil de la confianza es mantenerla a través del tiempo, ya que no todas las veces que actúes de forma correcta serás reconocido con un mayor grado de ella, pero ten por seguro que cada vez que te equivoques se te quitará, aunque sea una porción pequeña.

 

La confianza se mantiene cuando hay coherencia entre lo que dices y lo que haces, por eso debes ser muy cuidadoso con tus palabras y debes estar muy consiente de tus propias capacidades.

 

Si dices que llevarás a cenar a la familia, debes saber primero si tendrás el dinero y el tiempo; no sea que llegado el día no puedas cumplir, y entonces por muy buena que sea tu excusa, la confianza en ti disminuirá.

 

Así mismo en el trabajo, antes de asumir la responsabilidad de un nuevo proyecto, debes saber previamente si tienes la capacidad y los recursos necesarios para el mismo; no sea que no cumpliendo con tu meta quedes como incompetente o poco serio y estanques tu carrera. En un caso así, hubiera sido mejor no aceptar, reconocer tus limitantes o establecer parámetros previos, en lugar de dar una excusa sobre resultados vergonzosos.

 

Conócete a ti mismo antes de hablar, y si ya hablaste, cumple; porque la confianza que se construye en años se puede perder en una sola promesa no cumplida. Esto nos lleva al punto tres.

 

 

Perder la confianza

 

Perder la confianza es sumamente fácil: di que guardarás el secreto, pero cuéntaselo a dos personas en la oficina (o sólo con una basta). Di que le amas, pero luego actúa ásperamente. Diles que nunca más, pero llega alcoholizado la próxima semana. Di que estás allí para ellos, pero desaparece en los momentos de necesidad.

 

Gánate una reputación de la que no sientas orgullo: la chismosa, el ogro, el alcohólico, la traidora, el mentiroso…

 

Una vez llegado ese punto, puede que la próxima vez que quieran que toda la oficina se entere de algo, te lo digan a ti en lugar de enviar un correo masivo porque es más efectivo. O la próxima vez que quieran poner un ejemplo de cómo ser un mal padre, usen tu nombre porque eres un experto en romper promesas.

 

Cuidado, la confianza se rompe fácil y es muy difícil volverla a construir.

 

 

Mi deseo para ti hoy es que puedas gozar de relaciones fortalecidas por lazos de confianza. Gánatela y da la oportunidad a otros de ganarla. Sé piadoso si alguien te falla porque todos lo haremos en más de alguna ocasión, pero lucha por ser y por rodearte de gente coherente, gente que hace lo que dice y que dice lo que hace.

 

Bendiciones amigos.

 

 

 

 

 

 

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