El poder del compromiso

 Ahora que estamos en febrero, mes del amor y la amistad, me estoy acordando de una lección que aprendí sobre el compromiso.

 

En aquella ocasión éramos tres gerentes de área que decidimos llevar a cenar a dos clientes corporativos después de un día muy productivo pero estresante.

 

De lo menos que queríamos hablar era de trabajo por lo que optamos por una charla más casual. Ellos nos contaron sobre lo frío que es el invierno en su ciudad Minneapolis, yo les hablé sobre la forma correcta de pelar un coco, mientras que mis colegas (mexicano y guatemalteco) hablaron sobre la producción mundial de aguacate.

 

No pasó mucho tiempo para que la charla se volviera más personal, compartiendo sobre la familia, los proyectos de vida y más:

 

—De los 5, ustedes dos son los únicos que aún no están casados ¿Qué tienen en mente? (preguntó “la gringa” refiriéndose a uno de mis colegas y a mí)

 

—Pues, mi novia y yo ya llevamos dos años de relación y estamos pensando en mudarnos juntos en los próximos dos meses (respondió mi compañero soltero)

 

—¡Felicidades! Eso está muy bien. No es lo mismo conocerse en casa que solo de visita… (puntualizó “la gringa”)

 

—¿Es eso típico en Latinoamérica? ¿Mudarse juntos antes de casarse? Pensé que eran más tradicionalistas aquí (dijo “el gringo” con un aire de curiosidad y un ligero tono de burla)

 

—Definitivamente es menos común en Latinoamérica que en Estados Unidos. Aunque cada vez hay más gente que lo intenta. Personalmente creo en el matrimonio así que llámenme de la vieja escuela si quieren (respondí riendo, mientras mi compañero casado asentía con la cabeza)

 

—Creo que vivir juntos primero tiene sus ventajas y sus desventajas. Con tanto divorcio uno no quiere llevarse una sorpresa por no conocer bien a la persona (dijo “la gringa”)

 

—Correcto… Al final de cuentas si no funciona, uno puede decidir seguir adelante con su vida sin estar amarrado. Es una cuestión de seguridad (contestó mi compañero soltero)

 

—Pero ¿y que no es ese el propósito del compromiso? ¡Eso es lo bello! Recibes las sorpresas gratas y no gratas, pero aun así decides quedarte y entregarte... Al final de cuentas el compromiso es lo que te hace sobreponerte a los problemas en lugar de correr a divorciarte cuando las cosas no se sienten bien o no son “convenientes” (respondí)

 

—¡Así es! (exclamó con gran alegría mi compañero casado por varios años).

 

Continuamos conversando de otros temas y después de cenar nos despedimos.

 

Mientras me dirigía hacia mi hotel no podía quitarme de la mente una expresión en el rostro de mis interlocutores “gringos”.

 

Era una cara que reflejaba cierta admiración hacia las convicciones que les compartí, alegría por saber que esos valores siguen vigentes, pero al mismo tiempo la desesperanza al estar convencidos que están muy lejos de poder experimentarlo en sus propias vidas.

 

Era como si “el compromiso para toda la vida” les pareciera un estándar demasiado alto, tal vez hasta utópico desde su propia experiencia de vida. Como si sus matrimonios fuesen solo un ejercicio de conveniencia en el que el asunto del compromiso fue remplazado por papeleo legal.

 

Yo me pregunto, ¿en qué momento aprendimos a conformarnos con relaciones de tan baja calidad? ¿De dónde sacamos que el compromiso es un estándar demasiado elevado? ¿Por qué les enseñamos a las parejas jóvenes a pensar así?

 

No me parece razonable que las personas anden por la vida probando “relaciones sentimentales” con la frialdad con la que se prueban unos pantalones. Y me parece aún menos razonable que esa actitud sea confundida con “madurez” y “estabilidad emocional” cuando no son más que cobardía y egocentrismo.

 

Tus relaciones sentimentales no son como un limón al que exprimes para sacarle todo el jugo, sino más bien son como un árbol al que te comprometes a cuidar para que pueda fructificar. No se trata de exprimir placer, sino de cultivarse mutuamente.

 

Entiendo que hay personas que le tienen miedo al término “compromiso” porque les suena como una carga pesada. Si tú eres una de esas personas déjame decirte: el compromiso no es amor a la fuerza sino fuerza para amar.

 

Si de verdad estás dispuesto a amar, debes entender que todo lo que vale la pena en la vida requiere de tu esfuerzo y sacrificio, y las relaciones no son la excepción.

 

Te invito a comprometerte hoy contigo mismo y con tu pareja para permanecer fuertes ante las adversidades que se les presenten, vengan de donde vengan. Especialmente si ya estás casado, por favor no te rindas sin pelear.

 

Bendiciones amigos.

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