Cuidando cabeza y cuerpo

14/09/2017

 

 

“La parte nunca puede estar bien al menos que el todo esté bien”; aquí cito al clásico Platón con nada más ni nada menos que con una frase tan sabia como cierta. No puedes andar por la vida diciendo que estás bien, si una partecita de tu ser no está del todo bien. Tal vez sea tu ánimo, tu peso, tu carga laboral, tu salud,… o algo que no está del todo afinado.

 

Hoy arrancamos con el primer artículo de una serie de seis donde te expondremos sobre puntos cruciales a la hora de vivir tu vida de plenitud y felicidad.

 

Comenzaremos abordando el tema de la “salud física y mental”, porque para poder estar bien con todo y con todos, primero debes estar bien tú mismo, y esto incluye cabeza y cuerpo. Mantenerlos sanos y en balance sólo es cuestión de hábitos, pero más importante, es cuestión de sentido común y de quererte a ti mismo.

 

Si tienes un carro sabrás que hay ocasiones en que estamos tan atareados que no nos queda un rato libre para pasar por la gasolinera y a veces estamos tan ocupados conduciendo que olvidamos ponerle gasolina al vehículo aun sabiendo que el trayecto será largo, y de pronto comenzamos también a tener atrofias mecánicas, el sistema eléctrico falla, el carro se sobrecalienta… estamos conduciendo a pesar de saber que si no paramos, nos estamos jugando la vida. ¿Absurdo verdad? Pero nada de esto es culpa del carro, la responsabilidad es del conductor que debió siquiera revisarlo antes de subirse en él. Una falla de éstas no sólo te quitará dinero por la reparación urgente sino también tiempo que te pudiste haber ahorrado desde el principio. Esto definitivamente es un síndrome ilógico y es así como muchas personas funcionan. Están tan enmarañadas en su día a día, que olvidan su mantenimiento básico y dejan de lado el hacer ejercicio, comer adecuadamente o dormir apropiadamente.

 

Al igual que un carro, necesitas regularmente hacer chequeos, alineados y afinaciones, y mejor que aprendas a hacerlos tú mismo, antes que pares de emergencia en un taller con un médico o deban remolcarte con grúa varado en medio de tu rutina diaria.

 

Tu cuerpo es una máquina maravillosa que puedes controlar a tu gusto, y si lo cuidas bien, te funcionará bien. El éxito está en lograr un equilibrio y para comenzar a trabajar en ello, aquí te dejo 5 recomendaciones para que te pongas manos a la obra:

 

 

1. Ten suficiente descanso físico

 

El descanso físico lo logras durmiendo bien. Todos los cuerpos funcionan diferente, pero si se recomienda que hay que dormir entre 7 y 9 horas es por algo y hay que hacer caso; y bajo ninguna circunstancia duermas menos de 6 horas por noche ya que tu cuerpo necesita reponerse y hacerlo bien.

 

Gracias a este tiempo, tus músculos se regeneran, se fortalece tu sistema inmune, se eliminan toxinas y se restablecen todos los órganos. Es como parar una mega fábrica para hacer ajustes de tuercas, limpieza general y mantenimiento preventivo y correctivo de todas las áreas.

 

 

2. Adopta una buena alimentación  

 

Con “buena alimentación”, no te voy a hablar de dietas sino de algo más simple y efectivo: Ponle atención a tu cuerpo y descubre cómo te hacen sentir los distintos alimentos. Por ejemplo, si comer carne en la noche te resulta muy pesado, no la consumas tan tarde; si al comer lácteos se te hincha el estómago, evítalos; si las frituras hacen que tu estómago dé varias vueltas en su propio eje, ¿por qué habrías de consumirlas?

 

Escucha a tu cuerpo, él es sabio y conoce muy bien lo que le hace bien y lo que no le hace mucha gracia, y en base a eso, desarrolla tu propio criterio para comer. Si algo te hace mal a ti o a tus intestinos, no lo comas. Si algo te hace sentir perfectamente bien y no repercute en ningún daño a tu salud, adelante, consúmelo. Préstale atención a los tipos de alimentos, a las horas en que los consumes, en qué cantidad y en combinación con qué te los comes. Todos estos factores son importantes.

 

Y claro, hay recomendaciones que sí son de régimen para todos: adicionarle sal a tus comidas no te hará muy bien, que los postres y bocadillos sean tu plato principal tampoco es recomendable, así como hacer de las gaseosas o refrescos tus bebidas predilectas. Piénsalo. Comienza descartando pequeños malos hábitos desde ya y verás cómo tu cuerpo mismo te lo agradecerá.

 

 

3. Haz ejercicio adecuadamente

 

El ejercicio, por su parte, además de ser bueno para tus pulmones, tu corazón y todos tus sistemas internos, te da una inyección de energía sorprendente, reduce tensiones y te despeja la mente, y por supuesto, te hace ver y sentirte mucho mejor. Por algo te recomiendan los 30 minutos diarios, o si no lo consigues todos los días, de tres a cuatro veces por semana por una hora mínimo también te pueden funcionar muy bien.  

Sólo ten cuidado con no obsesionarte con él. Desarrollar tus músculos puede ser muy sano y sexy, pero sólo hasta cierto punto. Ningún exceso es saludable.

 

Y aquí, agrego muy brevemente a los vicios: déjalos. No importa el que tengas. Sé inteligente. Ningún vicio es bueno.

 

 

4. Edúcate tanto como puedas

 

Hablando de inteligencia, ¿qué decir de la salud mental? Dios te dio una fascinante materia gris para que la uses y le saques el jugo al máximo; mucho de lo que hagas con ella determinará tu futuro; por lo que yo te invito a desarrollarla lo más que puedas. Una mente bien formada tendrá las oportunidades abiertas de par en par en el ámbito que quieras.

 

Obtén toda la educación que te sea posible. Si crees que no te sirve para hoy, te puede servir para tu futuro; tus neuronas te lo agradecerán y te aseguro que en tu vejez también lo apreciarás. 

 

No limites tu educación a sólo la escuela o la universidad. Que no sean tu única forma de educación. Hoy en día, fuentes de conocimiento sobre abundan. Algunas se pagan y pueden ser costosas, pero como dijo una vez Derek Bok: “Si piensas que la educación es cara, entonces prueba con la ignorancia”. Formas de educarte las hay por todos lados; navega por internet y te darás cuenta, y lo mejor es que muchas de ellas son gratuitas. Nunca es tarde para comenzar. Haz que el universo sea tu salón de clases.

 

 

5. Tómate tiempo de ocio

 

Esto también es parte del primer punto, ya que descanso también incluye tu tiempo de ocio y esparcimiento. ¿Cuánto es el recomendable? Pues el que te haga bien y sientes que te mereces después de haber sido tan productivo en el día. Yo te sugeriría que una o dos horas diarias para divagar tu mente, leer un buen libro, ver una buena película o un documental está más que perfecto. Si no te puedes tomar este tiempo a diario, establece una tarde o una mañana completa de tu fin de semana para reponerte. Es tiempo para ti, úsalo apropiadamente y diviértete.

 

 

Recuerda: así como un vehículo necesita gasolina, aceite, agua, refrigerante… tú también requieres de cosas básicas para funcionar bien. Ponte creativo y escoge tus nuevas fuentes de mantenimiento personal. Pero ¡hazlo en serio! Dedícale menos tiempo a la televisión, a Netflix o a YouTube, quítale tiempo de ocio a Facebook o a Instagram, pasa menos en videojuegos y evita a toda costa el sedentarismo físico y mental.

Desarrolla habilidades mentales y destrezas físicas, rétate a ti mismo, logra más, alcanza más, ponte metas y ¡supérate!

 

Debes saber que salud es mucho más que ausencia de enfermedad... ¡Es estar en serio bien!

 

¡Bendiciones!

 

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