Más bondad, más altitud

26/07/2017

 

 

Frecuentemente subestimamos el impacto que un pequeño acto de bondad tiene sobre el día o la vida de otras personas… Una sonrisa, palabras gentiles, una palmada en la espalda, un chicle o golosina, etc. Te traigo esta reflexión en el contexto de las metas personales (tema abordado semanas anteriores), pues porque de muchas formas el impulso que damos a otros en su camino al éxito se convierte en impulso para el nuestro también.

Verás, así como hay leyes del mundo físico, hay también leyes para lo intangible, dicho de otra forma, leyes para el ser. Aunque suelen ser difusas, escurridizas y difíciles de entender a veces, tienen la característica de siempre cumplirse, por eso las podemos considerar leyes.

Por ejemplo, para el mundo físico, gracias a la tercera ley de Newton, sabemos que un cohete solo se mueve hacia arriba porque hay una gran fuerza dirigiéndose en dirección contraria. En otras palabras el cohete solo puede ir hacia el cielo gracias a una fuerza que va hacia el suelo.

Aunque en el mundo del ser las cosas funcionan muy diferente, muchas personas tienden a identificarse con el ejemplo del cohete: sienten que, al ayudar a otras personas a encontrar nuevas alturas, ellos mismos pierden altitud, como si todo esfuerzo por ayudar a otros los llevará hacia el suelo. O lo que es peor, hay personas que creen que la única forma en la que ellos pueden llegar más alto, es llevando a otros más abajo primero. Lamentablemente para esas personas, la tercera ley de Newton no aplica de la misma manera en los aspectos del ser como aplica para el mundo físico.

En el caso de la bondad, puedo decirte con absoluta certeza, que cuando ayudas a otra persona a llegar más alto, ¡no pierdes altitud!, sino todo lo contrario, te estás impulsando a ti mismo para llegar más alto también. Bien decía León Tolstoi, “el que ayuda a los demás se ayuda a sí mismo”.

¿Alguna vez has experimentado la felicidad que se siente al hacer el bien a otros de forma desinteresada? ¿Lo gratificante que es levantarle el ánimo a alguien que está teniendo un mal día? ¿Lo maravilloso que es aliviar el pesar de alguien más?

Personalmente, procuro siempre tener dulces conmigo. A veces mis palabras no serán tan bienvenidas para alguien con mal humor, pero rara vez me dicen que no a un poco de azúcar. También con los años he adoptado la práctica de ser más observador con las particularidades de las personas que me rodean, incluyendo ser empático con sus estados de ánimo. Por eso la gente que me conoce sabe que nunca me hace falta un elogio sincero en el momento adecuado. Es increíble como frases sencillas como “qué bonito nombre”, “excelente trabajo”, “me gustó eso que dijiste…”, etc. pueden cambiar el ambiente en segundos.

No necesitas hacer lo mismo que yo, pero sí te invito a que no permitas que esos momentos valiosos en los que puedes impulsar a la gente sucedan por pura casualidad. Siempre tienes que estar listo para ser de ayuda a otros. A lo mejor no puedas dedicarle una hora de conversación a cada persona que encuentres con cara larga, pero seguramente podrás saludar con cordialidad y una sonrisa en el rostro. A lo mejor no puedas resolver los problemas de las personas que te rodean, pero vaya que sí podrás inyectar buen ánimo con tus palabras y otros pequeños detalles para mostrar empatía.

Quién sabe si mañana seas tú el que necesita un empujón en medio de un mal momento y una palabra, o que un dulce o un gesto cualquiera, te haga el día. Asegúrate de practicar pequeños actos de bondad todos los días.

Bendiciones amigos. 

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