Amar de verdad

¡Ay! El amor, el amor…

 

Fuerza que sabe romper las barreras del tiempo, el espacio y la cultura. Tesoro tan preciado e incomprendido a la vez.

 

El amor es el estándar ético más alto al que la humanidad ha aspirado a través de la historia. Personalmente, me encanta cuando Jesús de Nazaret propone que los dos grandes mandamientos son los de amar a Dios “con todo de mí” y amar a mi prójimo como a mí mismo.

 

Pero esta inclinación hacia el amor no es exclusiva de una creencia religiosa. Es una búsqueda que cada ser humano ha emprendido independientemente de sus antecedentes culturales. De hecho, diversos autores de diferentes orígenes han ilustrado al amor desde sus propias perspectivas para terminar en más o menos la misma línea de pensamiento.

 

Es como si dentro de las profundidades del corazón humano existiera una especie de “configuración” que nos hace desear ser amados y nos invita a amar a otros.

 

Pero si el amor es tan importante, ¿Cómo lo definimos? ¿Cómo lo practicamos? ¿Cómo lo medimos?

 

Bueno, el asunto es bastante complejo o, mejor dicho, lo hemos complicado. Por eso antes de contestar estas tres preguntas te propongo tres ideas base que te ayudarán a romper esquemas en este tema.

 

 

1. El amor no es un sentimiento, es una decisión.

 

A fuerza de ver tantas películas y series, es común que las personas piensen que el amor es algo que se siente en las entrañas, que te impulsa a hacer locuras y que se expresa con un beso súper apasionado bajo la lluvia. Con esto, sin darnos cuenta, reducimos al amor a una especie de impulso animal, a un sentimiento agradable y ¡nada más!

 

La verdad es que el amor no siempre implica un sentir agradable sino más bien está ligado a sacrificios. El amor no es una especie de impulso animal, sino una decisión razonada que solo puede ser ejecutada cuando una persona goza de libertad.

 

No confundas enamoramiento con amor. El primero tiene que ver más con química, cortejo, atracción sexual y grandes despliegues de emociones intensas como cuando sientes mariposas en el estómago. El amor tiene que ver con lo que decides hacer cuando las mariposas se paralizan.

 

No se trata de lo que sientas o de los detalles que “te nazcan” hacer, se trata de una serie de acciones razonadas y continuas que haces para generarle bienestar a otra persona, lo cual me lleva al siguiente punto.

 

 

2. El amor es bienestar y libertad, antes que felicidad.

 

Amar implica procurar el bienestar para la otra persona, aunque sea a costo de la felicidad de ella misma pero no a costo de su libertad.

 

Te voy a dar un ejemplo para dejarlo más claro: Un niño de 8 años está convencido que nada lo haría más feliz que comerse cinco porciones de pastel de chocolate, pero su mamá se lo impide porque sabe que más que felicidad, le producirá daño. En ese proceso la madre utiliza su autoridad para sacrificar el placer por el bienestar de su hijo. Puede que su postura no le resulte agradable al chico, pero eso no significa que la madre le ame menos.

 

En una relación de pareja con dos adultos es similar, pero con la diferencia que no puedes tomar decisiones por la otra persona porque debes respetar su libertad. El amor es una decisión, por ende, solo puede desenvolverse en un ambiente donde las personas son libres de elegir.

 

Por eso, sin importar cuan genuinas sean tus intenciones de hacerle el bien a la persona, en lugar de ordenar debes conversar y en lugar de obligar debes negociar. Debes limitarte a procurar no a forzar.

 

 

3. El amor no siempre es heroico, pero siempre es noble.

 

Si bien el amor implica sacrificio, no debemos irnos al extremo de pensar que el amor solo se evidencia con grandes sacrificios.

 

A todos nos gusta esta idea del héroe que da su vida por salvar a otros por un acto de amor. El padre o madre que entrega la vida por sus hijos; el soldado que muere por su nación; la figura pública que sacrifica su carrera, reputación y posesiones para poder estar con su amada, etc.

 

Pero el amor se trata más bien de pequeños sacrificios que tú decides hacer en lo cotidiano: hacerle un sándwich a quien no le quedó tiempo de preparar su comida, escuchar atentamente en momentos difíciles, salirte del camino para dar un abrazo y un consejo oportuno, o incluso el hecho de simplemente estar allí para la otra persona cuando lo necesite. Son esos pequeños actos de nobleza los que más cuentan.

 

En el mundo de las relaciones, vale más un susurro de amor a diario que un grito de amor que nunca se repetirá. Con frecuencia, la suma de tus pequeños esfuerzos es más poderosa demostrando amor que los grandes sacrificios esporádicos.

 

 

Aclarados esos tres puntos, te propongo que el amor se define como la decisión constante de darse en sacrificio por el bienestar de alguien más. En ese sentido, cada vez que decides procurarle bienestar a esa otra persona, estás amando. Por eso, la mejor forma de medir el amor no es por la intensidad de tus emociones, sino por la constancia de tus esfuerzos y sacrificios por procurar el bien.

 

Te invito a que la próxima vez que digas o te digan te amo, consideres si estás hablando de amor de verdad o si solo es una expresión de lo agradables que son los sentimientos que estás experimentando.

 

Bendiciones amigos.

Compartir
Please reload