No te quedes al borde del camino

28/06/2017

 

Recientemente asistí a un festival que organiza anualmente un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad. Es el “Festival de la piña”, en el cual todos los pobladores, hacen diferentes productos, desde pasteles hasta dulces y jabones, todo con las piñas que se cosechan en sus mismas tierras. 

 

Ese día, mis amigos y yo nos propusimos probar diferentes platillos a base de piña. Después de una agradable caminata de unos 10 minutos desde el estacionamiento, encontramos un gran letrero que nos daba la bienvenida al festival y a lo lejos podíamos observar lo que parecía el inicio de todos los puestos de venta de los productos.

 

 

No pude evitar observar a un costado del camino, a una mujer de avanzada edad que usaba un delantal y un canasto artesanal cubierto con una manta sobre una mesa a su lado. Llamó bastante mi atención porque estaba casi oculta a la vista de los turistas, distante del centro del festival y no ofrecía ningún producto a viva voz como suele ocurrir en este tipo de eventos. La curiosidad por lo que había dentro de ese canasto nos hizo acercarnos a ella y preguntar por lo que ofrecía. Cuando levantó la manta del canasto, encontramos unos deliciosos pastelillos rellenos de piña hechos por ella misma y los vendía a un buenísimo precio. Solamente degustamos unos cuantos porque queríamos dejar espacio para todo lo que pretendíamos consumir al llegar al festival.

 

Probamos de todo, y muchas cosas sabían bastante bien, pero nada le llegaba ni a los talones a los pastelillos que probamos al inicio, por lo que nos arrepentimos de no haber comprado más desde el principio. Después de pasar dos horas dentro del festival empezamos nuestro camino de regreso resignados a no encontrar a la señora con sus pastelillos porque simplemente eran demasiado buenos, —debió venderlos todos— pensamos.

 

Para nuestra sorpresa, nos la volvimos a encontrar y había vendido muy poco, por lo que tuvimos la oportunidad de comprarle muchos más para llevar a casa.

 

De camino a casa, no podía dejar de pensar en lo increíble que era que una mujer tan talentosa y con un producto tan extraordinario, no haya logrado vender todo. Me alegraba tener mis pastelillos, pero me intrigaba la situación, porque realmente eran tan ricos que me hubiera gustado que todo mundo los hubiera probado.

 

La verdad es que la explicación era sencilla porque es lo mismo que nos pasa en muchos ámbitos de la vida: no importa lo talentoso que seas o lo bueno que sea lo que produces, si no crees en lo que eres y lo que haces, no irás a ningún lado.

 

Dentro de ti residen habilidades y otras características que conforman a tu "yo". Por favor, conócete, valórate y cree en ti; no te quedes al borde del camino, lejos de la acción; no tapes con una manta todo eso que tienes para ofrecer.

 

Necesitamos de tu intervención para hacer de este un mundo mejor. Necesitamos que más gente te conozca y cuente contigo en este festival al que llamamos vida. 

 

No tengas miedo de poner tus habilidades a trabajar y de mostrarle al mundo lo que puedes hacer.

 

Bendiciones amigos.

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