Tus compañeros constantes

03/08/2017

 

 

¡Bienvenido agosto!

 

Antes que nada, quiero comenzar con un breve texto que leí hace mucho tiempo: 

 

“Soy tu compañero constante. Soy tu más grande ayuda o tu más pesada carga. Te impulsaré hacia las alturas, o te arrastraré al fracaso. Estoy completamente bajo tu mando… Muéstrame exactamente cómo quieres que haga las cosas y tras unas cuantas lecciones las desarrollaré automáticamente… Tómame, entréname, sé firme conmigo, y pondré el mundo a tus pies. Sé indulgente conmigo y te destruiré.

¿Quién soy?

Yo soy el hábito.”

 

Este magnífico párrafo lo he extraído de “Los 7 hábitos de los adolescentes altamente efectivos” de Sean Covey. Este texto marcó mi infancia de tal forma que me encaminó a querer planificar incluso esas cosas que hacemos naturalmente sin pensar. Y es que eso son los hábitos: Cosas que hacemos repetidamente en piloto automático, y dependiendo de cómo sean, éstos nos pueden engrandecer como personas o destruir.

 

Viéndolo desde esa perspectiva, son realmente transcendentales, ¿no crees? Y como todo lo importante, los hábitos también deben ser planificados, pero antes deben ser pensados cuidadosamente. ¿Sabes por qué? Bueno, en este artículo te hablaré de la importancia de ellos en tu vida y a lo largo del mes te iremos dando tips sobre cómo incorporar buenos hábitos en el día a día. 

 

Comencemos pensando que hay hábitos buenos y hábitos malos, y todos tenemos de ambos, pero hay que ver cuáles nos pesan más… Veamos: Levantarse temprano, buen hábito. Desvelarse chateando, mal hábito. Ahorrar, buen hábito. Despilfarrar, mal hábito. Ser puntual, buen hábito. Hacer que el mundo espere mi presencia, mal hábito.

 

¿Qué te parece si le damos vuelta a esas “malas costumbres”?

 

Para ponerte manos a la obra en esta tarea, has de ser consciente de que debes hacerte responsable de tus hábitos y de tu propia vida, y por supuesto, actuar como tal. Esto quiere decir que no le puedes “echar la culpa” a tus padres o a tus maestros de tus circunstancias; y claro, tampoco a tu jefe, a la empresa en la que trabajas, al Gobierno, a la pobreza, a la crisis económica, al calentamiento global, o lo que se te ocurra.

 

Tú no eres tus circunstancias ni eres el resultado de las decisiones ajenas, pero ojo: Sí eres el producto de tus propias decisiones, por lo tanto, toma responsabilidad por lo que eres, por lo que haces y lo que dejas de hacer.

 

¿Tienes sobrepeso? Come más saludablemente y haz ejercicio. ¿Poco peso? Come más y mejor y también haz ejercicio. ¿Mal carácter? Trabaja en tus pensamientos y mejora tu actitud. ¿Dejando todo a última hora? Cambia la rutina y deja de postergar. ¿No logras terminar nada de lo que comienzas? Disciplínate y haz tu plan de acción. Cosas tan comunes como éstas nos van dando la apertura para saber por dónde podemos comenzar y qué podemos cambiar.

 

Toma tu compromiso con las cosas que sí puedes controlar (y los hábitos son una de ellas) y haz que las cosas sucedan. Eres el capitán de tu vida y tus hábitos son como tus marineros: harán lo que les digas y en cuanto los entrenes, harán las cosas sin necesidad de que intervengas.

 

Recuerda que estás lleno de recursos y puedes cambiar de ti mismo lo que tú quieras. No se vale decir “yo ya soy así”, porque si tienes la oportunidad de ser mejor, ¿por qué no intentarlo? Los buenos hábitos son más intencionales, están mejor pensados y tienen un propósito.

 

Es hora de sacar la lista de aquellos que queremos cambiar.

 

 

Bendiciones!

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